Mandá las 40 fotos como están, con la luz que había y el pulso que tenías. Se agrandan, se limpian y se emparejan de color para que la página se vea de una sola pieza. No hace falta que compres una cámara ni que llames a un fotógrafo.
Antes y después, sobre la misma foto
Cuatro problemas que aparecen en casi todas las fotos de local: poca luz, pulso, luz de tubo y archivos chiquitos de tanto reenviar. Elegí uno.
Qué se toca, una cosa por vez
En cada ficha se ve un solo problema aislado, para que se entienda qué hace cada paso. En una foto de verdad los cinco pasan juntos.
El trabajo que nadie ve
Cada una con su luz, su blanco y su brillo. Sueltas no molestan; juntas en una grilla, la página parece un collage. Tocá el interruptor.
Ahora mismo: cada foto con su tono. Una tira a amarillo, otra a azul, otra viene más apagada. Es lo que pasa cuando las fotos se sacaron en distintos momentos.
Sin letra chica
Cuando una foto no da, te la marco y te digo cómo volver a sacarla: de día, cerca de la puerta, el celular apoyado en algo firme. Son dos minutos y sale mejor que cualquier arreglo.
Esas mismas. Las de la despensa a las siete de la tarde, las del mostrador con el tubo prendido, las que reenviaste tres veces. De ahí sale la página.
Mandar mis fotos por WhatsAppLas imágenes de esta demo están dibujadas por computadora y después arruinadas a propósito —bajadas de resolución, con ruido, con tinte de tubo y desenfocadas— para mostrar el proceso. El antes y el después salen del mismo dibujo, así la comparación es legítima. Con un cliente real se trabaja sobre sus fotos verdaderas.